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domingo, 16 de julio de 2017

COLONIAS


         Si la memoria no te falla no tienes más que cerrar los ojos y te aparecen al momento estampas de ayer que quieras evocar. Tú pensarás que son fidedignas cuando seguramente el recuerdo lleva dentro toda la deformación que da la distancia, de modo que más que un recuerdo muchas veces lo que evocamos es un sueño, pero eso es otra historia. Cuando propusimos la comida en la escuela partimos de un déficit alimentario en proteínas, por lo que decidimos que el primer plato sería el filete, el pescado o el huevo. Con el tiempo de vacaciones pasó algo parecido. A los pequeños les faltaba espacio libre y sobre todo de playa donde pudieran convivir y bañarse a placer. De ahí nacieron las Colonias que a muchas familias teníamos que aclararles que no se trataba de ningún agua de olor para echarles a los pequeños, que eso era otra cosa.
Calahonda. La escuela está junto a la iglesia

         Nuestro primer destino fue Calahonda, sencillamente porque nuestra amiga monja Maricruz dirigía una Escuela Infantil en ese pueblo en primerísima línea de playa, a la misma altura que los chiringuitos. Era salir de la casa y estabas en el agua. Parecerá mentira pero el personal que llevaba trabajando todo el curso era el mismo que se ofrecía a sacar adelante el sobreesfuerzo de vivir con los pequeños una semana en la playa con toda tranquilidad. Es verdad que aquello tenía como experiencia un cierto aire de novedad porque los menores de 6 años hasta entonces apenas habían salido de las faldas de sus madres. Todos asumíamos la experiencia como propia, como experimental y como novedosa. Un reto, vamos. Uno más de los muchos que íbamos asumiendo en la forma de vida que proponíamos para los pequeños. Las familias, una vez que habían decidido compartir nuestra aventura de vida con nosotros no tenían inconveniente en confiarnos a sus pequeños también en el verano.
La playa desde el patio de la Escuela Infantil


         Mejor que explicaciones he localizado el folleto que hicimos sobre la experiencia y os muestro una muestra pensando que tendrá más valor que mis palabras.  








domingo, 9 de julio de 2017

FRACASO


         Estoy seguro de haberlo contado aquí porque significó una lección que no he podido olvidar desde 1979 que sucedió y ha sido referente en mis cursos muchas veces. Era una visita de un niño de ocho años, no recuerdo bien si de motu propio o como acompañante. Su cara era un poema que me hizo preguntarle por las notas de fin de curso y me dijo que muy malas. Le pregunté que qué sabía hacer y  me dijo que era un hacha arreglando coches porque se pasaba mucho tiempo en el taller de su padre.
– Si te hubieran examinado de arreglar coches, qué tal.
– ¡No veas! ¡Seguro que sobresaliente!
Y no hubo más. Tampoco quise profundizar en el tema pero me quedó claro que la escuela que examinaba y calificaba a este pequeño no era la suya. El siempre sería de los malos porque los conocimientos que él albergaba eran despreciados sistemáticamente y los que le exigían le resultaban ajenos.

         También recuerdo en los años finales de mi formación, en pleno auge de los test de inteligencia,  habernos referido en clase a las preguntas sobre las que había que pronunciarse en el sentido de por qué esas en concreto y de cómo se partía de vicios desde el principio. Se ofrecían  unos ítem con contenidos que cualquier alumno que se sometía  al test tenía que asumir y responde, tanto si el contenido de la pregunta tenía que ver con su cultura como si no. Las culturas que los planteamientos ofrecían eran urbanas, con unos términos y unos ejemplos que resultaban conocidos y cercanos a quienes vivían en ciudades y en ambientes en los que las palabras eran su medio de comunicación  habitual pero que para todo lo que significaba el mundo rural  y las culturas en las que las palabras tenían mucho menos valor de uso porque se regían por otros parámetros más ligados a los hechos pero tan legítimos para el conocimiento estarían  siempre en inferioridad de condiciones.

         Y es que al final no es la escuela la que está hecha para las personas sino las personas para la escuela. Sé que lo mismo podríamos decir de  que tampoco los hospitales están hechos para los enfermos sino los enfermos para los hospitales y así sucesivamente, pero recuerdo que nuestro tema es la educación y a ella nos ceñimos para recuperar el hilo. Cuando tú mirabas los ojos de nuestros niños por la mañana encontrabas la respuesta en un momento. Sabías perfectamente que esos pequeños llegaban a su escuela y que en ella se podría discutir lo que se trataba dentro a lo largo de la jornada de trabajo pero de lo que no se podría dudar es de  que esas personas se sentían en su espacio y de que nada de lo que allí se tratara iba a ser ajeno a sus necesidades o a sus intereses.


         Como pretendo ser justo quiero aclarar que hablo en pasado porque mi vida laboral ya hace unos años que terminó pero me consta que ese tipo de escuela sigue viva y que sería cuestión de examinar a los pequeños que acceden a ella cada mañana sólo con lo que llevan escrito en los ojos porque en ellos se reflejan con bastante claridad las intenciones y las expectativas con las que acceden al recinto escolar. No puedo decir que esa actitud previa sea garantía de ningún resultado final concreto pero no creo que nadie en su sano juicio sea capaz de negarme el importante valor que lleva implícito una actitud positiva a la hora de acercarte a una institución en la que crees ya de antemano. El camino del conocimiento es largo y complejo y en realidad nos pasamos toda la vida aprendiendo porque el aprendizaje es la esencia de la vida. Pero nuestra actitud al enfrentarnos a él es esencial hasta para superar la dificultad y hasta para valorar la dificultad de su superación. El tema del fracaso no puede ser sólo de los pequeños sino de nosotros o, por lo menos, de todos.

domingo, 2 de julio de 2017

RITMO


         Para una persona menor de 6 años, pensar hoy en septiembre es consumir casi el 10 por ciento de su vida. No es posible  unir conceptualmente el final del presente curso con el principio de próximo. Sencillamente su capacidad cerebral no está para esos trotes. El final de sus procesos mentales empieza y termina en secuencias más cortas. Vivían hasta hace unos días en un mundo más o menos estructurado en la escuela con unas horas de entrada, otras de comer, otras de salida y por la noche a dormir y de pronto ya se pueden levantar a otra hora , vivir casi todo el día con el bañador puesto, entrar y salir del agua casi a discreción y conocer nuevos amigos. Y nada de escuela, adiós escuela hasta olvidarse de que existe. Después, cuando pase el verano, todo un mundo para ellos, ya veremos lo que nos depara la vida, pero eso queda tan lejos en este momento…

         Cambiar los ritmos de vida puede tener su interés porque permite renovarse. Una vez que los ritmos quedan establecidos hay cosas que se ganan, una disciplina y unas secuencias que nos aportan seguridad y nos orientan sobre lo que está antes y lo que está después: nos ordenan la vida. Pero al mismo tiempo también nos definen de una manera concreta  y nos fuerzan a representar un papel ante nosotros mismos y ante el grupo en el que nos desenvolvemos con lo que eso significa de opresión y de estancamiento. Todo esto es para decir que la convivencia como cualquier aspecto de la vida nunca es perfecto: nos protege de la incertidumbre y del caos, pero también nos oprime y nos limita y nos condiciona. Por lo que los cambios estructurales, como los largos veranos,  nos liberan la mente de estructuras conocidas y nos permuten asumir estructuras nuevas en las que podamos desarrollar papeles desconocidos que amplíen nuestras capacidades mentales que, aunque no seamos conscientes, están llenas de sorpresas para nuestro desarrollo.

           Por tanto, cualquier novedad es una crisis y una crisis es siempre  una oportunidad. No hay que agobiarse con los cambios porque la propia percepción del cambio ya es un valor. El que un día amanezca y los pequeños no tengan claro qué van a hacer esa mañana permite a sus mentes desintoxicarse y experimentar el vacío de lo inmediatamente vivido. Pero esa misma experiencia del cambio, refrescante y liberadora se puede convertir en desconcertante y llevarnos a la desorientación si no se va llenando de contenido alternativo en días sucesivos. Cabe la posibilidad, ojalá que se cumpla en alguna medida, que los pequeños se centren en las necesidades internas de la casa: limpieza, compra, preparación de la comida…, situaciones completamente indispensables cada día, de las que con facilidad los menores quedan excluidos, sencillamente porque  interrumpen más de lo que aportan. Y puede que desde el punto de vista adulto sea verdad pero hay que pesar el valor de cualquier conocimiento que se pueda adquirir y de su enorme importancia para el futuro. Nos pasamos la vida quejándonos de que los pequeños no suelen ayudar en la casa sin darnos cuenta de que a eso también se aprende y no precisamente en la escuela.


           Disfrutar del agua, de la vida al aire libre, del conocimiento de nuevos vecinos y de juegos con estructuras más abiertas y elaboradas entre ellos…, un tipo de vida, en fin, que difiera sustancialmente de la que han tenido durante el curso, pero que no sea informe y desordenada sino que disponga de una estructura de orientación que permita a los pequeños vivir de otro modo y aprender que hay distintas maneras de organizar la vida y todas nos pueden aportar riqueza y aprendizajes que colaboran en nuestra maduración. Si logramos articular un tipo de vida veraniego en el que nuestros menores se sientan cómodos, los distintos periodos de la vida se pueden convertir en complementarios y útiles, aunque diversos,  para nuestro desarrollo. Pues…, ánimo y a vivir, que son dos días.

domingo, 25 de junio de 2017

TORMENTA


         Por ofrecer un poco de hilo conductor entre la semana anterior y esta, ya tenemos consecuencias del estado de agitación que los fuertes  calores de junio nos han traído. Se han ocupado unas cuantas primeras páginas y titulares televisivos más o menos alarmantes. Se proponen soluciones inmediatas y en caliente, y nunca mejor dicho, que si se llevaran a cabo tal y como se plantean supondría un remedio bastante peor que la enfermedad y entre dimes y diretes llega el momento de las vacaciones y aquí paz y allí gloria. En septiembre será otro día y entonces tendremos argumentos suficientes para que todo el problema que nos ha incendiado el ánimo estos días haya tenido tiempo de pasar a mejor vida y sabe dios lo que dentro de casi tres meses, todo un mundo de tiempo, alcanzará la primera línea de información.

         Recuerdo cuando trabajé en la radio, entre 1986 y 1991 cómo andaba como loco intentando ofrecer cuerpo de conocimiento a los titulares que inundaban las portadas de los periódicos y las imágenes de los noticiarios televisivos, sencillamente con la esperanza de que la gente conociera de qué se le hablaba con aquellos impactos constantes. Por entonces se hablaba de un levantamiento militar en Birmania, hoy Mianmar, y un torrente de noticias relativas al sindicato polaco Solidaridad y a su líder Lech Walesa. Mi obsesión  era situar a los dos países en el mapa y hablar un poco de ellos: extensión, población,  principales riquezas, futuro previsible…, y todo con un poco de angustia porque estaba seguro, como efectivamente pasó, que una vez que los primeros impactos  hubieran pasado, estos dos países, como cualquiera otros que hubieran sido, desaparecerían del mapa y sabe dios cuándo volveríamos a saber de ellos. Ya me diréis quién se acuerda hoy de Mianmar o de Polonia cuando por aquellos días ocupaban las noticias de primera, como si fueran determinantes en la evolución del mundo.

         Pues de nuestro asunto del calor de junio bien podría quedar, y no sería poco, que algunas aulas de los más pequeños tuvieran unos aparatitos de aire acondicionado para moderar los calores más fuertes del verano y los fríos más extremos cuando lleguen, que llegarán. Que los patios de los colegios no sólo se dedicaran al deporte, que está muy bien, sino que tuvieran algunos puntos de agua al alcance de todos y unos cuantos árboles y plantas que seguro que no serán tan espectaculares como los goles pero que pueden ser muy útiles para ofrecer sombras en momentos álgidos y un poco de vida vegetal en medio de tanto cemento y tanto asfalto que va a terminar sepultándonos a todos. Tengo la manía de observar cómo las plantas terminan por romper cualquier dique que les pongamos y salen en medio y a pesar de los asfaltos porque la vida se impone siempre a pesar de las dificultades que le pongamos para su desarrollo.
  Las tormentas de verano pueden ser muy impresionantes en un momento determinado, no hay más que ver la de Portugal de hace unos días que se ha llevado la vida de 62 personas en su vorágine de fuego y que al principio se dijo que había sido un rayo de una tormenta seca de las miles que ha habido este verano y ahora parece que puede hacer sido una vez más la mano de las personas la que esté detrás de semejante desastre que parece que nos debería enseñar por dónde no debemos ir y que lo que verdaderamente pasa es que una y otra vez nos damos cuenta de que los intereses no tienen límite y les importa un pito si los campos se cubren de fuego y hasta si las personas terminan achicharradas huyendo de él. Nada más lejos de mí que aparecer como un cenizo que no ve más que desastres pero creo que no debemos caer en el ilusionismo angelical de negar la realidad porque no se nos muestre con muy buena cara. Tenemos que mirarla de frente para cambiarla tantas veces como haga falta.

domingo, 18 de junio de 2017

CALOR


         Este año está haciendo mucho calor. Se están alcanzando los 40 grados a la sombra y sólo estamos a mediados de junio, todavía en primavera. Puede que se haya adelantado la torridez  unos días pero tampoco habría mucho de qué alarmarse porque estamos al borde de las vacaciones de verano y, en llegando, “pajaricos con sus madres” y aquí paz y allí gloria. Pero basta que un grupo de familias hagan unos comentarios sobre las dificultades de los pequeños para sobrellevar las altas temperaturas y un consejero tenga la feliz idea de sugerir que los alumnos podían dedicarse a fabricar abanicos de papel para que todos nos disparemos y comiencen los excesos en todas direcciones. Por experiencia sé que lo que se hace a golpe de titulares de prensa suele ser inadecuado antes de doblar la primera esquina pero cuando el verbo se enciende hay que encontrar el modo de apagarlo cuanto antes.

         En un momento de calentón no es bueno actuar, sencillamente porque la visión de los problemas suele ser sesgada y cualquier solución también lo va a ser. Este tema del calor de junio no es nuevo, si bien es cierto que este año están las temperaturas más altas de la cuenta. Tradicionalmente hay una medida que me encantaría poder discutir con tranquilidad y con argumentos de por medio pero que en estas condiciones prefiero no detenerme demasiado para no echar más leña al fuego. La escuela, tanto en junio como en septiembre solo permanece abierta por la mañana con lo que las horas más tórridas de calor está cerrada, que ya es algo. Con las circunstancias que hoy conocemos estamos hablando de cierto problema durante junio, algunos junios y de septiembre, algunos septiembres, con lo que las dimensiones pueden ser agudas pero limitadas. Quizá, llegado el caso, habría que preocuparse más de resolver el problema del frío que puede ser más largo por más que ahora nadie piense en ello.

         No quisiera dejar de mencionar un par de medidas de las que nadie habla pero que en estas situaciones no estarían de más. Me refiero, por ejemplo a que en los patios de los centros lo que se impone descaradamente es el cemento puro y duro y los árboles, que podrían ofrecernos en estos momentos unas sombras consoladoras, son insignificante o sencillamente nulos. En ningún sitio está escrito que tenga que ser así pero nos hemos enviciado tanto en la idea del deporte como competición que empleamos casi todos los metros disponibles en beneficio de este empeño que no es malo de por sí, que es bueno sin duda, pero que no está pensado para todos sino para los mejores, para los más fuertes, para los que ganan y el resto, que suele ser la mayoría deambulando de aquí para allá, sin una triste sombra que echarse a la boca. No tendría por qué ser así pero en casi todos los casos, así es.


         Una vez que las escuelas se cierren dentro de unos días para afrontar en familia el largo y cálido verano nos desentenderemos de este problema como si no existiera y a la vuelta de la esquina estaremos de nuevo con cualquier otra situación límite entre manos, por falta de soluciones estructurales por una parte, que no cuesta mucho plantearse a la hora de edificar los espacios que deben prepararse pensando en todos y no sacrificándolos a unos pocos, pero también abriendo las mentes a un tipo de escuela que no tiene por qué estar constreñida al sota, caballo y rey de aulas cerradas, libros de texto, concentraciones humanas y queja permanente. En realidad y al margen de todo lo que subyace para resultar aguda una situación impropia de calor en junio, que es lo que está pasando, todo se resume en la imprudencia de un gobernante en un momento de calentón que es capaz de sembrar la discordia y encender los ánimos de las familias, con lo hermoso que es saber callarse a tiempo y si uno quiere hacerse un abanico de papel, pues se lo hace y deja a la gente en paz.  

domingo, 11 de junio de 2017

TIERRA


         Durante montones de años hemos reclamado espacios dignos y suficientes para que los pequeños puedan ejercitar su vida y educarse entre ellos con dignidad. Sé que no ha sido fácil, que durante casi todo el tiempo los pequeños han dispuesto para su educación de los espacios que han podido, casi ningunos la mayor parte de las veces. El siglo XX ha sido a tantos niveles un tiempo de conquistas de muy diversos ámbitos, aparte también de enormes destrucciones porque no me puedo olvidar de las dos hecatombes mundiales con sus montañas de muertos que nos deberían pesar en la conciencia en el caso de que todavía nos quedara alguna. Entre otras conquistas, los centros educativos han ido asumiendo espacios de dignidad y, al menos en este país en el que vivo, España, hoy disponen de hermosos patios de recreo en casi todos los casos.

         Y justo cuando alcanzamos cotas de dignidad que durante siglos nos han parecido fuera de nuestro alcance, en vez de gozar de ellos para que todos los alumnos dispongan de un reparto más o menos equitativo en el que poder desarrollar sus capacidades y aprender desde las raíces de los conocimientos, lo que nos encontramos son enormes montañas de cemento cubriendo por completo los metros y metros de tierra que está a disposición porque en vez de gozar de ella a placer ahora que por fin la hemos conseguido, hemos decidido optar porque sea el deporte el que impere durante el tiempo libre y la verdad de tanto esfuerzo por el logro se traduce en campos y campos deportivos donde un par de equipos, un par de decenas de pequeños en la mayoría de los casos, disputan quién gana a quién, mientras los cientos de alumnos restantes miran completamente inactivos cómo termina la competición a la espera de que les toque a ellos algún momento de protagonismo.

         Y uno no sabe qué hacer, aparte naturalmente de quedarse estupefacto, ante una realidad de la que los responsables exclusivos somos nosotros mismos. Como no estoy dispuesto a llorar por nada de lo que seamos responsables y prefiero por el contrario asumir la parte de responsabilidad que me corresponda y pido un poco de lucidez a quienes diseñan los espacios escolares para que contemplen la necesidad de competiciones deportivas como un bien positivo y necesario, sí, pero que no olviden que por encima de ese beneficio está el de gozar de la tierra desnuda para ser manoseada por todas las personas y para que sirva como soporte al gozo de la posesión pura y dura y al de poder experimentar con ella, descubrir su composición y lo que encierra dentro,  así como para plantar cualquier vegetal que el tiempo permita según la estación por la que atravesemos en cada momento.


         Es más, si llegara el caso de que estuviera justificado que se cubriera todo el suelo disponible, cosa que sencillamente me parece imposible,  aun así estoy dispuesto a proponer el recurso de las macetas que tantas culturas han adoptado como elementos para prolongar la estética de los frutos de la tierra y su capacidad para embellecer lo que nuestros ojos pueden encontrarse a su alcance a poco que miremos. En cualquier caso, a modo de grito de socorro dejo aquí la petición, una más y sé que no será la última, de que no robemos la tierra a sus verdaderos dueños, que somos todos y cada uno de nosotros. No quiero desmerecer las posibilidades ligadas al deporte, que seguro que son positivas y que no discuto. Pero me rebelo una vez más para que no sea la competición la única aspiración posible a la que debamos tender, dejando a un lado el simple goce de tocar la tierra y gozar de ella como un bien universal y una universidad permanente de la que podemos aprender durante toda nuestra vida.

domingo, 4 de junio de 2017

PLAZA


         Por estas fechas se acaban de asignar las plazas de los pequeños que a partir de septiembre se van a convertir en nuevos alumnos menores de 3 años. En marzo ya se cubrieron todas las de 3 a 6 años, coincidiendo con el resto de los tramos educativos. Los más pequeños,  por lo visto,  no son dignos de que se les trate como al resto y hasta se establece un tiempo aparte para darles entrada  para que a todo el mundo le quede claro que son personas distintas, con un tratamiento distinto, si bien es cierto que las normativas que rigen para asignarles una plaza se parecen como dos gotas de agua, como no podía ser de otra manera. En España la educación obligatoria va de los 6 a los 16 años. De los 3 a los 6, aunque no es obligatoria, el país dispone de plazas suficientes para albergar a todo el que lo pida. Sólo de 0 a 3 años hay falta de plazas disponibles y la demanda no puede verse cubierta por lo que hay que imponer baremos de prioridades y hay pequeños que se quedan a la espera, si bien depende mucho de las zonas.

         Los que hemos militado para conseguir mejoras educativas hemos aceptado en todo momento el tramo obligatorio y hemos exigido sólo plazas suficientes para cubrir la demanda en los tramos menores. Hoy hay plazas suficientes  entre los 3 y los 6 años, pero no porque se hayan construido centros especialmente adaptados para estas edades sino porque la natalidad ha descendido a niveles alarmantes y con los mismos espacios y con el mismo personal es posible dar cabida a todo el que lo solicite sin necesidad de adaptar espacios ni programas más allá de los compromisos personales de los profesionales que van a asumir las nuevas responsabilidades. Hay zonas en las que se les dan cabida en centros públicos a menores de 3 años para justificar con su número la propia existencia de la escuela aunque algunas han tenido que eliminarse por falta de alumnos en determinadas zonas rurales que sufren el azote de la emigración y que terminan desapareciendo del mapa sencillamente.

         Pues aun así la administración no es capaz de garantizar una plaza para cada uno de los pequeños menores de 3 años que la demandan. Una vez más se comprueba que estas edades tempranas son las hermanas pobres del sistema educativo. No solo se les colocó en su momento como personas de segunda cuando se definieron los tramos y sus características sino que encima, puesto que son el último mono del sistema educativo no pueden tener una plaza garantizada en el caso de que la necesiten, ni siquiera con el concurso de la iniciativa privada, que si en todos los tramos tiene una gran importancia, sobre todo la iglesia católica, en este alberga la mayoría de las plazas disponibles. Pues ni aun así somos capaces entre todos de responder a la demanda. Se habla muchos de facilitar servicios a las familias para lograr que tengan, si así lo desean, acceso al trabajo pero se encuentran con esta realidad cruel de que no tienen donde dejar a sus hijos y han de ser abuelos y similares los que en muchos casos se hacen cargo de ellos y cubren las ausencias laborales de los padres, salvo que se encuentren en paro, cosa que abunda bastante más de lo deseado.


         El drama es muy fuerte porque se trata del segmento más frágil del sistema educativo y la solución que se le ha ofrecido es tan simple y tan espedita como sacarlos del sistema, con lo cual, si no hay perro no puede haber rabia. Y las causas son todavía más vergonzantes porque es sabido que sus necesidades son tan grandes que se convertirían en las plazas más caras por sus necesidades físicas y de profesorado para ponerlos en condiciones de igualdad con el resto del sector educativo. Y en estas estamos sin demasiadas perspectivas en el futuro inmediato.  

sábado, 27 de mayo de 2017

AGUA


         Puedo entender que en latitudes de Latinoamérica o similares se encuentren en temporada de lluvias y les suene raro un  texto como éste pero hay que entender que aquí  estamos a final de Mayo y los termómetros alcanzan fácilmente los 35 grados y los sobrepasan, lo que quiere decir pleno verano meteorológico si bien podemos alcanzar todavía hasta 10 grados más en Julio o primeros  de Agosto. La angustia  que podemos sentir todos en las horas centrales del día es grande y los más pequeños lo mismo. Es difícil que haya muchas aulas con aire acondicionado porque no se rentabiliza adecuadamente el gasto. En pleno verano las escuelas suelen estar cerradas por vacaciones. Para combatir el calor disponemos, sobre todo, de las sombras y del agua.

         Este año hace siete que dejé la responsabilidad directa del trabajo con pequeños y empiezo a sentirme cobarde a la hora de ofrecer referentes directos porque el tiempo vuela y siento que cabe la posibilidad de que sin darme cuenta me encuentre hablando para el pasado. De ahí que valore tanto los testimonios directos de hoy que algunos compañeros nos ofrecen generosamente. Me atrevo a seguir proponiendo el aire libre como medio excelente para que los pequeños se desenvuelvan en cualquier climatología, sobre todo en el calor y el agua, sobre todo el agua, como medio de primer orden  para captar el interés de cualquier persona, mucho más si es pequeña y se encuentra al alcance de nuestra mano, es barata y su manejo habitual ofrece consecuencias positivas de todo orden para el crecimiento y el dominio de las destrezas motoras que los pequeños necesitan tanto como el comer.

         Con frecuencia he repetido como cualquier abuelo cebolleta secuencias con agua en las que  una y otra vez se pone de manifiesto el placer del contacto con el elemento y los beneficios profundos y variados que ofrece a los menores. Pongo de ejemplo la recomendación de pedirles cuando pasen delante de alguna fuente, bien en el colegio o en  la calle que no toquen el agua y comprobar,  que están de acuerdo con lo que les estamos diciendo y al mismo tiempo desplazan la mano hasta el chorro de agua que sale lujurioso y que tiene el mismo efecto de atracción que el azúcar del néctar de las flores para cualquier insecto. En ambos casos, irresistible. En nuestro caso más de una vez nos convertimos en machacones para lograr que terminen por no atender esa capacidad tan fuerte de atracción que el agua ejerce sobra ellos con lo fácil que sería darnos cuenta de los efectos tan beneficiosos que su contacto tiene y que en estos casos lo mejor es ponernos en la dirección del interés y permitir que se produzcan los beneficios que saltan a la vista.


         Es verdad, no se puede negar la evidencia, que el contacto con el agua tiene unos primeros momentos, sencillamente de inundación, vamos de ponerse como una sopa, pero si somos un poco  sensatos nos daremos cuenta de que con estas temperaturas las ropas se secan en un plis plas y aunque no se secaran tampoco habría ningún drama porque no hace frío. Muy pronto vamos a darnos cuenta de que el proceso de aprendizaje hace su efecto y rápidamente usan el agua con mucha más seguridad y son ellos los que dirigen la interrelación para conseguir objetivos cada vez más complejos como en cualquier otro proceso de adquisición de conocimiento. Sé que esto que digo son palabras, es verdad. Pero cuando uno se ha pasado años y años constatando el contenido, todo lo más que puede hacer es ofrecer su credibilidad profesional y aceptar que al final, tanto en esto como en todo, es cuestión de elegir y habrá personas que se crean lo que aquí se cuenta y otras, con todo su derecho, que sencillamente no estén de acuerdo. Ambas posturas me parecen respetables aunque yo deje aquí explicada cual es la que defiendo.

domingo, 21 de mayo de 2017

FAMILIA


         Reconozco que ahora estoy más pendiente de la prensa en relación con los contenidos que se tratan en este blog. Y no es porque no se encuentren contenidos de interés si este autor echa una mirada a sus interiores, no. Lo que sí es cierto es que en más de una ocasión ha aparecido por debajo de mi puerta la patita de la duda y he llegado a pensar si al final no estaba instalado en la nebulosa de los recuerdos en exclusiva y me ha parecido injusto porque los asuntos que aquí se tratan lo primero que he querido que trasluzcan es verdad y en la medida de lo posible que estén pegados a la tierra y que se puedan constatar en casos concretos, unos idénticos y otros parecidos.


         La última gran revolución que se ha producido en mi país con relación a la familia ha sido la de legalizar cualquier tipo de matrimonio, independientemente del sexo los novios que lo demanden. Ya lleva unos pocos años esta norma en vigor y personas de todas la ideologías se están acogiendo a ella aunque desde el primer día hay un sector de la población que no para de despotricar que a dónde vamos a llegar con normas como esta y que Dios no está de acuerdo con que dos mujeres o dos hombres se casen si quieren porque el matrimonio tiene que ser entre un hombre y una mujer. Que qué va a ser de los hijos que viven en una casa con dos hombres o con dos mujeres porque han decidido adoptarlos, que dónde queda la figura del padre y de la madre y que esto parece el Patio de Monipodio en el que cada uno hace lo que le da la gana. Afortunadamente ya tenemos experiencias hasta de separaciones de estas nuevas familias del mismo sexo para confirmar, como no podía ser de otra manera, que se trata de personas normales y corrientes, capaces hasta de dejar de quererse.


         Cierro mis ojos y pienso en esos hijos que viven con su padre y con su madre y que han de soportar borracheras y gritos continuos de uno de los dos o de los dos, que han de vivir con los abuelos y hasta con los vecinos porque sus padres han emigrado para buscarse la vida, que apenas si se ven porque las jornadas de trabajo no lo permiten y en realidad viven los pequeños al calor del primero que se lo ofrezca, que no disponen de nadie que los controle y que crecen mimados y superprotegidos sin que exista a su lado un criterio de orden y de disciplina capaz de hacerlos sentirse queridos y de decirles que no en un momento determinado y que los pequeños sientan en su piel la cercanía y el apego de una figura adulta que está por ellos y con ellos. Y se me llenan los ojos de supuestas familias tradicionales con los niños abandonados por las calles sin que nadie levante la voz en defensa ni de la ruina de esa familia ni de la ruina de esos pequeños.



         Y se encierra uno en uno mismo, desesperado de repetir a todo el que haya querido oír que el amor, el cuidado y la dedicación no saben de sexo ni de nada sino que hasta los perros, que no son humanos, pueden ofrecer amor a sus hijos o a cualquier persona y que quien lo recibe se siente querido. Que los niños no están pendientes de cómo van vestidos sus padres sino de si los quieren o no, de si los cuidan o no y que eso es lo que nos debe preocupar y no los sexos de cada uno. Cuántas veces hemos conocido a alguien que se ha criado con los vecinos y ha crecido tan cuidado como sus hermanos que se han criado con sus padres o más. ¡Quién es el juez que en vez de mirar el apego que reciben los pequeños se pasa la vida examinando a su familia para ver si cumple los requisitos que considera indispensables!. ¡Cuándo dejaremos de ser hipócritas!.


domingo, 14 de mayo de 2017

CHUPE


         Sé que no es la primera vez que este tema aparece pero después de siete años, tampoco puede resultar demasiado extraño. Los motivos para que aparezca un tema pueden ser muy dispares. Hoy la excusa ha sido un artículo de prensa online que es la única que leo. La cuestión era que qué es lo que dicen los expertos y creo que me ha motivado porque estoy de expertos hasta la sopa. Entiendo que tiene que haberlos, tanto en este asunto del chupe como en cualquier otro susceptible de interpretaciones, pero leo el artículo y no puedo evitar que me dé la risa. Cuentan la conveniencia o no de utilizar el chupete en función de que pueda afectar al nacimiento de los dientes o, esto es de mi cosecha, a la deformación de la boca por meterse los dedos en el caso de que quitemos el chupe por las bravas.

         Muchas veces he verbalizado que los pequeños crecen a pesar de los adultos. Es exagerado, lo sé, pero no creo que tanto. Recuerdo en mi propia vida, que tampoco es tanto, cómo a los pequeños se les mojaba el chupe en azúcar para calmar su incomodidad o su llanto. Incluso en anís,  con lo que no quiero ni pensar la borrachera en la que caían los pequeños y seguro que se dormían. ¿No se iban a dormir si estaban como una cuba?.  Casi de antes de ayer recuerdo un anuncio de la tele en el que un dibujo de niño con cara de listo decía que debíamos darle a los pequeños  QUINA SAN CLEMENTE, un vino dulce de alta graduación y la razón era que DA UNAS GANAS DE COMERRRRR… Tampoco quiero dejar aquí un estudio exhaustivo de las tropelías que hemos hecho con los pequeños, siempre con la mejor intención, no me cabe ninguna duda, buscando su bienestar y ya de camino que nos dejaran un poco tranquilos también a los adultos porque las noches son muy largas y hay mucho tiempo para desesperarse cuando los persistentes llantos arrecian.

         No me puedo quitar de la cabeza, allá por 1984 cuando había bastantes menos expertos que fueran capaces de aportar algo sobre los más pequeños, una de las maestras que asistía a mi curso sobre la necesidad del juego para el buen desarrollo de los pequeños que me espera al final y me hace una pregunta de carácter personal para decirme que su hija de ocho años no paraba de chuparse el dedo desde que le quitaron el chupe y que toda su familia la persigue para que deje el vicio y la niña no para y tiene el dedo en carne viva y ella está angustiada y no sabe lo que hacer. Ella misma  esperaba que su hija se durmiera para quitarle el dedo de la boca para evitar, decía, que la boca se le fuera a deformar. En la conversación termina diciéndome el profundo motivo de su angustia y era que su hija le estaba preguntando cada vez con mas frecuencia: Mamá, ¿tú me quieres? Y esa inseguridad de la niña le estaba quitando el sueño.


         Yo no me he considerado experto más que en hablar con las personas y estar seguro que por ese camino es por donde pueden llegar las soluciones a los problemas que la vida nos plantea. Tampoco me consideré entonces cuando me compañera me manifestó su angustia. En realidad hoy tampoco tengo claro si mi propuesta fue válida o no pero no tuve dudas y le dije: Yo no sé lo que hay que hacer en un caso como el que me cuentas pero lo que sí te digo es que si fuera mi hija me iba con ella esta misma tarde a una farmacia y le pondría que eligiera unos cuantos chupes y que chupara hasta que se cansara de una vez pero que en ningún momento le faltara la seguridad de que tú, que eres su madre estás con ella por encima de que se chupe el dedo o que no. Hoy haría lo mismo.  

domingo, 7 de mayo de 2017

SOMOS


         Hay muchos lenguajes y todos pueden hacernos decir verdad o por el contrario nos pueden llevar a engaño. Bueno, todos no. Hay un lenguaje que por más que quiera nos define irremediablemente y es el lenguaje  de los hechos. Al final es el único que nos define de manera determinante  porque por encima de las ideas, de las intenciones, de las miles de posibilidades que el devenir de la vida nos ofrece en cada momento nos definimos por hacer una sola cosa y esa es como nuestra seña de identidad, como nuestra firma en el documento de la realidad, nuestra huella, nuestra definición como personas, nuestro dibujo final. Si alguien quiere saber quiénes somos de verdad tendrá que dejarse de zarandajas y bucear en nuestros hechos porque es allí donde estamos reflejados con fidelidad.



         Cuando echo mano a mi infancia, la fuente más fidedigna de lo que somos aunque desgraciadamente podamos  recordar tan poco,  me veo inmerso en el devenir de cada día y la calle era mi principal escuela porque allí hacíamos la mayor parte de nuestra vida entonces. Las peleas entre los niños eran una actividad cotidiana, unas veces en broma, la mayoría, y otras, las menos, en serio. No se me daban mal las primeras partes de las luchas y recuerdo  tener a mis contrincantes en el suelo a mi disposición con cierta frecuencia. Pero una vez allí no sabía qué hacer con ellos. Nunca he sido capaz de materializar la idea de dar un puñetazo o un cabezazo a alguien así en frío. En medio de la refriega sí podíamos intercambiarnos golpes a son y sintrón  sin ningún problema pero una vez que tenía al contrincante a mi disposición,  yo mismo me daba por ganador y dejaba la pelea. Lo malo es que el otro muchas veces no estaba por la labor, se reponía y entonces era yo el tenía que soportar su revancha y salir trasquilado del conflicto.

         Muchos años después, la tele llegó a mi vida a mis quince años, he visto en los programas de naturaleza cómo los animales fuertes sólo matan para comer cuando lo necesitan y las luchas de poder las resuelven casi siempre con exhibiciones de fuerza o con manifestaciones de superioridad sin que la crueldad esté presente en el conflicto pero en esas situaciones se ve que el vencedor y el vencido hablan el mismo lenguaje y tanto uno como otro aceptan el resultado sin necesidad de llegar hasta las últimas consecuencias, Ese no solía ser mi caso, aunque algunas veces sí lo era. La mayoría terminaba con el rabo entre las piernas porque la crueldad es algo que nunca ha entrado en mi cabeza en un conflicto abierto. También he conocido desgraciadamente que para hacer daño no hace falta ser valiente sino ser capaz, en un momento determinado, de aprovechar tu ventaja y dar el golpe decisivo sin pensar en el daño que haces sino garantizando tu ventaja.


         El otro día conocí que el señor Trump ordenó explosionar la llamada MADRE DE TODAS BOMBAS, en la cabeza de los terroristas de ISIS poniéndonos a todos en riesgo por las posibles respuestas indiscriminadas de los terroristas y porque el mundo entero se ha enterado que ya no queda más que un paso para llegar a la amenaza nuclear con la que ahora se encuentra tonteando ante las bravuconadas de Corea del Norte. Y a todo esto, él no hace otra cosa que ordenar mientras se encuentra perfectamente a salvo con todas las medidas de seguridad a su alrededor mientras cada uno de nosotros nos vamos convirtiendo por mor de sus decisiones, en personas cada día más frágiles, más vulnerables ante el aumento exponencial de los peligros que nos acechan por las decisiones de una persona que nos quiere convencer que todo es para proteger nuestra seguridad. Sus palabras pueden asustarnos pero el verdadero peligro está en sus hechos.

domingo, 30 de abril de 2017

CELINDAS


         Cualquier secuencia de la vida significa una posibilidad de aprende. Otra cosa es que nuestra manera de mirar esté abierta al aprendizaje, cosa que es imprescindible o, sencillamente, pasemos por delante de los acontecimientos sin pena ni gloria. En ese caso ya nos pueden poner delante la montaña más alta que no la veremos, sencillamente porque no tenemos la voluntad de ver. Estos días no tengo más que salir a la calle y vuelvo completamente embriagado de color y de olor porque la primavera se encuentra en su cenit. Ya está terminando la presencia del azahar que nos ha supuesto a los forofos ir de acá para allá debajo de los miles de naranjos que hay plantados por las calles andaluzas para cubrirnos con su embrujo y terminar completamente borrachos de su esencia efímera. En unos días las flores se marchitarán y habrá que esperar un largo año para gozar su esencia de nuevo.

         Ayer por la tarde mismo y,  justo al lado de mi puerta, pude gozar junto a mi hija Elvira con otra fragancia que,  sin desmerecer para nada al azahar, diría que nos enloquece más profundamente. Se trata de la celinda. Ya la venía siguiendo desde que sus inmaculados pétalos aparecieron y cada día me he ido acercando con veneración para robarle una porción de su fragancia y embriagarme con ella unos segundos. Ayer le comentaba a mi hija que comprendo a los insectos que se vuelven locos en cuanto perciben semejante olor y se acercan a libar los azúcares de su polen a la vez que nos dejan el beneficio de la fecundación que garantizará que el año próximo podamos gozar de nuevo de semejante tesoro. El azahar ha crecido mucho porque por las calles hay muchos naranjos que nos lo garantizan pero las celindas se han reducido hasta el punto que se han convertido en una rareza. Hay que encontrarlas en rincones discretos y a poco que te descuidas, cuando quieres acordar han terminado los pétalos su ciclo, desesperadamente corto, y tienes que renunciar a su olor hasta el año próximo.

         Cierro los ojos y recuerdo en mis primeros años aquellas presentaciones de ramos a la virgen cada tarde de las muchachas de mi pueblo durante todo mayo. La celinda era precisamente la que no faltaba en ningún ramo con lo que la iglesia concentraba esa maravilla de olor muy concentrado. Luego había más flores, al gusto de cada muchacha pero la celinda acompañaba siempre por hermosa y por barata. Tengo esa imagen incrustada de la mano de mis madrinas Emilia y Águeda con sus maguitos cubriéndoles los brazos porque a la iglesia no se podía entrar luciendo la carne de los brazos y con sus velos, bordados en tul por ellas mismas cubriendo sus cabellos y yo como un niño repipi de sus manos siempre, oliendo a narices llenas de aquellas fragancias que nunca jamás he logrado quitar de mi memoria y que las sigo persiguiendo por estas fechas porque sé que son tesoros pero también que son efímeras y que si un año me descuido, me las pierdo y es un verdadero drama para mí.

         La lección de este texto pretende ser doble. Por una parte tiene que ver con nuestra capacidad de gozar, que suele estar muy cerca de nosotros casi siempre y que no está relacionada con ninguna campaña publicitaria  comercial sino con la naturaleza y con sus ciclos. No hay más que estar atentos y acercarnos en el momento justo porque el don puede ser para todos. Y con otra por la profundidad de las experiencias que se impregnan en los primeros años que se quedan dentro de nosotros y que nos definen para siempre con esos aprendizajes adheridos a nuestra inteligencia. Lo mismo que para conocer determinadas limitaciones en nuestro desarrollo los analistas han de  buscarlas en los primeros años, también las raíces de los gozos más profundos hay que encontrarlas en los primeros años y es que es en esa zona de la vida donde verdaderamente se dirime lo esencial de nuestras personalidades.

domingo, 23 de abril de 2017

LIBRO


         Cuando los textos que aquí voy dejando gota a gota tienen una referencia inmediata a la realidad concentran una fuerza especial ligada al acontecer diario. Lucía ya me había avisado que nuestras escuelas estaban organizando algo. Era suficiente para que yo me hiciera presente a eso de las doce de la mañana en La Fuente de Las Batallas, en pleno centro de Granada. La excusa, el Día del Libro, que no era ayer sino hoy. Había varias casetas anunciando novedades y confiando en poder ofrecerlas al público durante todo el fin de semana. El propio vagón de ludoteca de la Fundación también estaba allí a la espera de que las familias llegaran con sus pequeños, pero el punto de vida no era más que unos telones de techo separados por unas paredes a base de colores y de hilos de lana que separaban y que unían al mismo tiempo. Allí estaba, la vida y el trabajo coordinado de un montón de gente, empeñada esta vez bajo la bandera de que la etapa de 0 a 6 años sea una y tenga unidad educativa y los poderes públicos no permitan que los primeros años, de 0 a 3 se separen definitivamente del ciclo educativo.

         Tuve la tentación de que la primera foto hubiera sido una hermosa barriga que vi por allí formando parte de un cuerpo joven de madre que ya andaba buscando un lugar adecuado en el mundo para su retoño, que estaba a punto de ver la luz de un momento a otro. Me quedé con la gana. Otro día será. Esta vez prefiero mostraros la pancarta que da sentido a la vieja lucha, nunca ganada pero hasta el momento tampoco completamente perdida y me puse a dar vueltas por aquellos rincones y saludando aquí y allá a una serie de personas con las que he compartido mi vida y que, llevan en su mente una parte de mi lo mismo que yo la llevo de ellas, unas veces para bien y otras para mal, que de todo tiene la convivencia. Ahí andamos y aunque los cuerpos que nos sustentan están cada día más arrugados, las familias que se sienten convocadas y sobre todo sus frutos recién paridos son los mismos retos que nos hablan de vida, de esfuerzo nuevo y de futuro y exigen de nosotros la misma frescura que hace años porque ellos no entienden de guerras que no pasen por su vida.

         No eran grandes los recintos amurallados por hilos de colores pero todos despedían calor, cercanía y conciencia de que el objeto del esfuerzo no subía más allá de un par de palmos, como siempre y éramos los adultos, como siempre, los que teníamos que bajar de nuestras alturas y alcanzar la talla de ellos y la medida de ellos porque el trabajo de preparación del acto estaba como siempre hecho a su medida y para que los pequeños, los más pequeños,  se sintieran una vez más protagonistas y o bien solos si era posible o con sus familias como soporte, lo más frecuente, vivieran con nosotros un rato de sábado en recuerdo de los libros, esos artículos que tienen hojas y dentro miles de historias que vivir y que soñar. Allí me quedé un momento escuchando a Manuel y a Víctor leyendo cuentos de un libro que tenían entre manos y que mostraba imágenes para que los pequeños vieran de dónde salían las palabras.


         El circuito se acababa pronto y Conchi nos despedía con su sonrisa a todo el que, una vez visitado cada uno de los espacios a su gusto, decidía seguir recorriendo la ciudad una hermosa mañana de primavera. Nunca fueron nuestros acontecimientos grandes en extensión. Seguro que sí en hondura y este también lo fue. No había más que mirar los ojos de los pequeños para tener la certeza de que se sentían en un espacio amigo, que estaba montado para ellos y que en esta ocasión con la excusa del Día del Libro, también buscaba su cercanía para que aprendieran a gozar con otros compañeros y de la mano de sus familias.

domingo, 16 de abril de 2017

MÁSCARAS


         Estas vacaciones de Semana Santa son probablemente las más proporcionadas porque duran sólo nueve días y se producen en un momento en que los pequeños ya tienen historia  de grupo. Han seleccionado quienes de sus compañeros les caen mejor y quienes peor. Han fijado sus prioridades y si les preguntamos por sus amigos son capaces de responder unos cuantos nombres que frecuentan más. En esa situación ya no perjudica tanto pasar unos pocos días separados porque luego es fácil conectar de nuevo. Estas vacaciones como las de Navidad tienen un componente religioso indiscutible, que es el que las define por encima de otras particularidades. Será aconsejable un descanso o no pero es cierto que las vacaciones se justifican por acontecimientos religiosos católicos concretamente.

         No sé si nos estamos quedando sin referentes colectivos o qué es lo que nos está pasando pero a lo largo de toda la semana ha sido la religiosidad la que ha sobrevolado por el espacio y por el tiempo. No una religiosidad de contenido y compromiso, sino esa otra superficial y bullanguera,  ligada al folklore,  que se ha manifestado sacando a la calle todo tipo de imágenes relacionadas con la pasión y muerte de Jesucristo imponiendo de hecho que la vida de los pueblos y ciudades esté mediatizada por esas ceremonias fúnebres y multitudinarias y que la vida social se paralice y se supedite al ritual genérico de las procesiones durante las tardes y noches y al espectáculo tétrico de los penitentes con la presencia de sus máscaras y sus interminables filas de velas encendidas como espectáculos de otro tiempo que se resisten a desaparecer de este siglo XXI y que nos dejan una estampa  esperpéntica, ajena a nuestro mundo.

         Ni por un momento quisiera que se interpretara la más mínima falta de respeto a ninguna auténtica religiosidad. Al contrario. No sé si en algún tiempo las sociedades pudieron ser tan uniformes que una religión, la que fuera, se impusiera por completo hasta condicionar la vida del conjunto, pero en este momento, por más alardes de fuerza que se hagan, en una sociedad como la nuestra es imposible eliminar su esencia diversa, que es lo que prima cada día más en todos los órdenes de la vida y yo celebro esa diversidad que nos aporta  riqueza y posibilidades continuas de aprender unos de otros y que requiere sobre todo respeto para que cada persona o cada colectivo se sienta legitimado para expresar sus ideas y para vivir como desee aceptando y respetando a quienes no piensan como ellos. Paseando por las calles he podido ver los negocios chinos o musulmanes, cada día más numerosos,  completamiento abiertos como un día cualquiera puesto que ellos no tienes nada que festejar y son ciudadanos tan dignos como nosotros. Cada día más sucede que son tan ciudadanos de este país como nosotros y han nacido aquí como nosotros. La variedad es sobre todo riqueza.


         Concretamente este año que hemos dispuesto de días de sol y temperaturas casi veraniegas hemos podido vivir enormes atascos porque el gregarismo social hace que no podamos gozar de lo que tenemos preparado para el goce, que es mucho. Termina imponiéndose que todos vamos a la playa o todos vamos a las procesiones o todos vamos a viajar como si la idea de negocio fuera la verdadera rectora de la vida y no pudiera ser, sencillamente, que aprendamos a ser diversos y a saber combinar todas las posibilidades de vivir que hemos aprendido sin que tengamos que renunciar a nada. Cada día somos capaces de disponer de más y mejores medios para alcanzar  mejor calidad de vida. Lo que hace falta es que sepamos aprovecharlas y mirar a nuestro alrededor para ver que desgraciadamente no todo el mundo vive igual y no faltan situaciones de desesperación bien cercanas que nos debían hacer aprender. 

domingo, 9 de abril de 2017

HERENCIA


        El jueves pasado,  día 7, a las 11 de la mañana, nos habíamos citado en el mirador de San Nicolás para celebrar el 50 aniversario de nuestra graduación como maestros y allí comenzamos a llegar gota a gota, unos solos, otros acompañados de las esposas. Todo parecía normal pero ni nosotros éramos los mismos y el Mirador mucho menos. La de tardes que pasamos entonces,  sentados en el pretil frente a la Alhambra. Nunca estuvimos completamente solos porque esa Plaza es un imán pero un buen día apareció Clinton y se le ocurrió decir que desde esa Plaza se ve la mejor puesta de sol del mundo y a partir de ahí fue el desmadre. Creo que la frase no es mentira pero la Plaza, como casi todo en el Albaicín, es pequeña y solo puede albergar holgadamente a unas pocas personas. Ahora es un mercado casi a cualquier hora. Nos vimos negros para reunirnos e inmortalizar el momento a esas horas de la mañana. No quiero ni pensar lo que sería por la tarde.



         Como pudo, Tomás nos fue explicando lo que fue de Granada después de la Conquista  y  que es la ciudad de Los Cármenes por la concentración de varias viviendas musulmanas para los recién llegados, que no aceptaron vivir con aquellas estrechuras. Nos fue llevando hasta la Mezquita Mayor, hoy Iglesia del Salvador y por el camino nos encontramos a Miguel, el sacristán, que tuvo la amabilidad de abrirnos, porque no eran horas y en lo que un día fue el hermoso Patio de las Abluciones terminó la explicación histórica con su paciencia habitual. Nosotros, aparte de escuchar cómo podíamos,  no dejábamos de mirarnos y de intentar reconocer en los casi setentones que teníamos enfrente a los veinteañeros de hace 50 años, venidos de todo lo que un día fue el Reino, que nos íbamos a diseminar por la vida de entonces en adelante  y que ahora nos replegábamos durante unas horas para decirnos que estábamos vivos, los que estábamos, que éramos los mismos, completamente falso, y que volvíamos por el Ave María de la Cuesta del Chapiz por ver si allí todavía quedaba algo de nosotros, los de entonces.

         No estábamos todos. Algunos, Abril, Béjar y otros porque ya no están con nosotros. Otros porque sus condicionantes personales y familiares no se lo han permitido. José Luis, que se ha tomado mucho interés, no ha logrado concentrarnos más que a 27, que no son pocos de todas formas. Yo recuerdo haber estado en el 25 aniversario un rato por la mañana y nada más. Otros ni eso. Algunos sí vienen manteniendo ciertos contactos más frecuentes. Es posible que para ellos el tiempo pase de otra manera. Qué gusto ver al Sebas, siempre con su música a cuestas. A Rafa Domínguez, que yo llamaba el 2´14 y que ya me puntualizó que nunca pasó de los 2 metros, a Antonio Martínez de Tíjola, tan distinto a mí y que siempre nos llevamos tan bien. A Honorio, que nos consiguió para comer la maravilla de la Universidad del Carmen de la Victoria, exactamente encima de nuestro colegio y con el mismo fondo mágico a nuestra espalda. A Jiménez Pozo y su alegría pegadiza. A Emilio, mi Emilio del alma, a Pepe Larios. Al correctísimo Antonio García Fernández y así, uno por uno podría irme parando en cada uno de los retazos de mi vida que se asienta en cada uno de los presentes.




         El tiempo nos premió y pudimos comer al aire libre, a base de tapitas de jamón, salmón ahumado, gazpacho, tortillas de camarones …, la conversación encendida y el rumor de una fuente, uno de los sonidos más hermosos del mundo que definen Granada y que también han definido mi vida. El tiempo es implacable siempre y la historia terminó con un racimo de recuerdos puestos en común y con un pequeño concierto de nuestros artistas que una vez más tuvieron la generosidad de deleitarnos. Quiero confesaros que no soporto las despedidas y por eso en un momento desaparecí sin más. Pero aquí está mi abrazo y mi mejor deseo para vosotros y para vuestras familias.