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domingo, 25 de junio de 2017

TORMENTA


         Por ofrecer un poco de hilo conductor entre la semana anterior y esta, ya tenemos consecuencias del estado de agitación que los fuertes  calores de junio nos han traído. Se han ocupado unas cuantas primeras páginas y titulares televisivos más o menos alarmantes. Se proponen soluciones inmediatas y en caliente, y nunca mejor dicho, que si se llevaran a cabo tal y como se plantean supondría un remedio bastante peor que la enfermedad y entre dimes y diretes llega el momento de las vacaciones y aquí paz y allí gloria. En septiembre será otro día y entonces tendremos argumentos suficientes para que todo el problema que nos ha incendiado el ánimo estos días haya tenido tiempo de pasar a mejor vida y sabe dios lo que dentro de casi tres meses, todo un mundo de tiempo, alcanzará la primera línea de información.

         Recuerdo cuando trabajé en la radio, entre 1986 y 1991 cómo andaba como loco intentando ofrecer cuerpo de conocimiento a los titulares que inundaban las portadas de los periódicos y las imágenes de los noticiarios televisivos, sencillamente con la esperanza de que la gente conociera de qué se le hablaba con aquellos impactos constantes. Por entonces se hablaba de un levantamiento militar en Birmania, hoy Mianmar, y un torrente de noticias relativas al sindicato polaco Solidaridad y a su líder Lech Walesa. Mi obsesión  era situar a los dos países en el mapa y hablar un poco de ellos: extensión, población,  principales riquezas, futuro previsible…, y todo con un poco de angustia porque estaba seguro, como efectivamente pasó, que una vez que los primeros impactos  hubieran pasado, estos dos países, como cualquiera otros que hubieran sido, desaparecerían del mapa y sabe dios cuándo volveríamos a saber de ellos. Ya me diréis quién se acuerda hoy de Mianmar o de Polonia cuando por aquellos días ocupaban las noticias de primera, como si fueran determinantes en la evolución del mundo.

         Pues de nuestro asunto del calor de junio bien podría quedar, y no sería poco, que algunas aulas de los más pequeños tuvieran unos aparatitos de aire acondicionado para moderar los calores más fuertes del verano y los fríos más extremos cuando lleguen, que llegarán. Que los patios de los colegios no sólo se dedicaran al deporte, que está muy bien, sino que tuvieran algunos puntos de agua al alcance de todos y unos cuantos árboles y plantas que seguro que no serán tan espectaculares como los goles pero que pueden ser muy útiles para ofrecer sombras en momentos álgidos y un poco de vida vegetal en medio de tanto cemento y tanto asfalto que va a terminar sepultándonos a todos. Tengo la manía de observar cómo las plantas terminan por romper cualquier dique que les pongamos y salen en medio y a pesar de los asfaltos porque la vida se impone siempre a pesar de las dificultades que le pongamos para su desarrollo.
  Las tormentas de verano pueden ser muy impresionantes en un momento determinado, no hay más que ver la de Portugal de hace unos días que se ha llevado la vida de 62 personas en su vorágine de fuego y que al principio se dijo que había sido un rayo de una tormenta seca de las miles que ha habido este verano y ahora parece que puede hacer sido una vez más la mano de las personas la que esté detrás de semejante desastre que parece que nos debería enseñar por dónde no debemos ir y que lo que verdaderamente pasa es que una y otra vez nos damos cuenta de que los intereses no tienen límite y les importa un pito si los campos se cubren de fuego y hasta si las personas terminan achicharradas huyendo de él. Nada más lejos de mí que aparecer como un cenizo que no ve más que desastres pero creo que no debemos caer en el ilusionismo angelical de negar la realidad porque no se nos muestre con muy buena cara. Tenemos que mirarla de frente para cambiarla tantas veces como haga falta.

domingo, 18 de junio de 2017

CALOR


         Este año está haciendo mucho calor. Se están alcanzando los 40 grados a la sombra y sólo estamos a mediados de junio, todavía en primavera. Puede que se haya adelantado la torridez  unos días pero tampoco habría mucho de qué alarmarse porque estamos al borde de las vacaciones de verano y, en llegando, “pajaricos con sus madres” y aquí paz y allí gloria. Pero basta que un grupo de familias hagan unos comentarios sobre las dificultades de los pequeños para sobrellevar las altas temperaturas y un consejero tenga la feliz idea de sugerir que los alumnos podían dedicarse a fabricar abanicos de papel para que todos nos disparemos y comiencen los excesos en todas direcciones. Por experiencia sé que lo que se hace a golpe de titulares de prensa suele ser inadecuado antes de doblar la primera esquina pero cuando el verbo se enciende hay que encontrar el modo de apagarlo cuanto antes.

         En un momento de calentón no es bueno actuar, sencillamente porque la visión de los problemas suele ser sesgada y cualquier solución también lo va a ser. Este tema del calor de junio no es nuevo, si bien es cierto que este año están las temperaturas más altas de la cuenta. Tradicionalmente hay una medida que me encantaría poder discutir con tranquilidad y con argumentos de por medio pero que en estas condiciones prefiero no detenerme demasiado para no echar más leña al fuego. La escuela, tanto en junio como en septiembre solo permanece abierta por la mañana con lo que las horas más tórridas de calor está cerrada, que ya es algo. Con las circunstancias que hoy conocemos estamos hablando de cierto problema durante junio, algunos junios y de septiembre, algunos septiembres, con lo que las dimensiones pueden ser agudas pero limitadas. Quizá, llegado el caso, habría que preocuparse más de resolver el problema del frío que puede ser más largo por más que ahora nadie piense en ello.

         No quisiera dejar de mencionar un par de medidas de las que nadie habla pero que en estas situaciones no estarían de más. Me refiero, por ejemplo a que en los patios de los centros lo que se impone descaradamente es el cemento puro y duro y los árboles, que podrían ofrecernos en estos momentos unas sombras consoladoras, son insignificante o sencillamente nulos. En ningún sitio está escrito que tenga que ser así pero nos hemos enviciado tanto en la idea del deporte como competición que empleamos casi todos los metros disponibles en beneficio de este empeño que no es malo de por sí, que es bueno sin duda, pero que no está pensado para todos sino para los mejores, para los más fuertes, para los que ganan y el resto, que suele ser la mayoría deambulando de aquí para allá, sin una triste sombra que echarse a la boca. No tendría por qué ser así pero en casi todos los casos, así es.


         Una vez que las escuelas se cierren dentro de unos días para afrontar en familia el largo y cálido verano nos desentenderemos de este problema como si no existiera y a la vuelta de la esquina estaremos de nuevo con cualquier otra situación límite entre manos, por falta de soluciones estructurales por una parte, que no cuesta mucho plantearse a la hora de edificar los espacios que deben prepararse pensando en todos y no sacrificándolos a unos pocos, pero también abriendo las mentes a un tipo de escuela que no tiene por qué estar constreñida al sota, caballo y rey de aulas cerradas, libros de texto, concentraciones humanas y queja permanente. En realidad y al margen de todo lo que subyace para resultar aguda una situación impropia de calor en junio, que es lo que está pasando, todo se resume en la imprudencia de un gobernante en un momento de calentón que es capaz de sembrar la discordia y encender los ánimos de las familias, con lo hermoso que es saber callarse a tiempo y si uno quiere hacerse un abanico de papel, pues se lo hace y deja a la gente en paz.  

domingo, 11 de junio de 2017

TIERRA


         Durante montones de años hemos reclamado espacios dignos y suficientes para que los pequeños puedan ejercitar su vida y educarse entre ellos con dignidad. Sé que no ha sido fácil, que durante casi todo el tiempo los pequeños han dispuesto para su educación de los espacios que han podido, casi ningunos la mayor parte de las veces. El siglo XX ha sido a tantos niveles un tiempo de conquistas de muy diversos ámbitos, aparte también de enormes destrucciones porque no me puedo olvidar de las dos hecatombes mundiales con sus montañas de muertos que nos deberían pesar en la conciencia en el caso de que todavía nos quedara alguna. Entre otras conquistas, los centros educativos han ido asumiendo espacios de dignidad y, al menos en este país en el que vivo, España, hoy disponen de hermosos patios de recreo en casi todos los casos.

         Y justo cuando alcanzamos cotas de dignidad que durante siglos nos han parecido fuera de nuestro alcance, en vez de gozar de ellos para que todos los alumnos dispongan de un reparto más o menos equitativo en el que poder desarrollar sus capacidades y aprender desde las raíces de los conocimientos, lo que nos encontramos son enormes montañas de cemento cubriendo por completo los metros y metros de tierra que está a disposición porque en vez de gozar de ella a placer ahora que por fin la hemos conseguido, hemos decidido optar porque sea el deporte el que impere durante el tiempo libre y la verdad de tanto esfuerzo por el logro se traduce en campos y campos deportivos donde un par de equipos, un par de decenas de pequeños en la mayoría de los casos, disputan quién gana a quién, mientras los cientos de alumnos restantes miran completamente inactivos cómo termina la competición a la espera de que les toque a ellos algún momento de protagonismo.

         Y uno no sabe qué hacer, aparte naturalmente de quedarse estupefacto, ante una realidad de la que los responsables exclusivos somos nosotros mismos. Como no estoy dispuesto a llorar por nada de lo que seamos responsables y prefiero por el contrario asumir la parte de responsabilidad que me corresponda y pido un poco de lucidez a quienes diseñan los espacios escolares para que contemplen la necesidad de competiciones deportivas como un bien positivo y necesario, sí, pero que no olviden que por encima de ese beneficio está el de gozar de la tierra desnuda para ser manoseada por todas las personas y para que sirva como soporte al gozo de la posesión pura y dura y al de poder experimentar con ella, descubrir su composición y lo que encierra dentro,  así como para plantar cualquier vegetal que el tiempo permita según la estación por la que atravesemos en cada momento.


         Es más, si llegara el caso de que estuviera justificado que se cubriera todo el suelo disponible, cosa que sencillamente me parece imposible,  aun así estoy dispuesto a proponer el recurso de las macetas que tantas culturas han adoptado como elementos para prolongar la estética de los frutos de la tierra y su capacidad para embellecer lo que nuestros ojos pueden encontrarse a su alcance a poco que miremos. En cualquier caso, a modo de grito de socorro dejo aquí la petición, una más y sé que no será la última, de que no robemos la tierra a sus verdaderos dueños, que somos todos y cada uno de nosotros. No quiero desmerecer las posibilidades ligadas al deporte, que seguro que son positivas y que no discuto. Pero me rebelo una vez más para que no sea la competición la única aspiración posible a la que debamos tender, dejando a un lado el simple goce de tocar la tierra y gozar de ella como un bien universal y una universidad permanente de la que podemos aprender durante toda nuestra vida.

domingo, 4 de junio de 2017

PLAZA


         Por estas fechas se acaban de asignar las plazas de los pequeños que a partir de septiembre se van a convertir en nuevos alumnos menores de 3 años. En marzo ya se cubrieron todas las de 3 a 6 años, coincidiendo con el resto de los tramos educativos. Los más pequeños,  por lo visto,  no son dignos de que se les trate como al resto y hasta se establece un tiempo aparte para darles entrada  para que a todo el mundo le quede claro que son personas distintas, con un tratamiento distinto, si bien es cierto que las normativas que rigen para asignarles una plaza se parecen como dos gotas de agua, como no podía ser de otra manera. En España la educación obligatoria va de los 6 a los 16 años. De los 3 a los 6, aunque no es obligatoria, el país dispone de plazas suficientes para albergar a todo el que lo pida. Sólo de 0 a 3 años hay falta de plazas disponibles y la demanda no puede verse cubierta por lo que hay que imponer baremos de prioridades y hay pequeños que se quedan a la espera, si bien depende mucho de las zonas.

         Los que hemos militado para conseguir mejoras educativas hemos aceptado en todo momento el tramo obligatorio y hemos exigido sólo plazas suficientes para cubrir la demanda en los tramos menores. Hoy hay plazas suficientes  entre los 3 y los 6 años, pero no porque se hayan construido centros especialmente adaptados para estas edades sino porque la natalidad ha descendido a niveles alarmantes y con los mismos espacios y con el mismo personal es posible dar cabida a todo el que lo solicite sin necesidad de adaptar espacios ni programas más allá de los compromisos personales de los profesionales que van a asumir las nuevas responsabilidades. Hay zonas en las que se les dan cabida en centros públicos a menores de 3 años para justificar con su número la propia existencia de la escuela aunque algunas han tenido que eliminarse por falta de alumnos en determinadas zonas rurales que sufren el azote de la emigración y que terminan desapareciendo del mapa sencillamente.

         Pues aun así la administración no es capaz de garantizar una plaza para cada uno de los pequeños menores de 3 años que la demandan. Una vez más se comprueba que estas edades tempranas son las hermanas pobres del sistema educativo. No solo se les colocó en su momento como personas de segunda cuando se definieron los tramos y sus características sino que encima, puesto que son el último mono del sistema educativo no pueden tener una plaza garantizada en el caso de que la necesiten, ni siquiera con el concurso de la iniciativa privada, que si en todos los tramos tiene una gran importancia, sobre todo la iglesia católica, en este alberga la mayoría de las plazas disponibles. Pues ni aun así somos capaces entre todos de responder a la demanda. Se habla muchos de facilitar servicios a las familias para lograr que tengan, si así lo desean, acceso al trabajo pero se encuentran con esta realidad cruel de que no tienen donde dejar a sus hijos y han de ser abuelos y similares los que en muchos casos se hacen cargo de ellos y cubren las ausencias laborales de los padres, salvo que se encuentren en paro, cosa que abunda bastante más de lo deseado.


         El drama es muy fuerte porque se trata del segmento más frágil del sistema educativo y la solución que se le ha ofrecido es tan simple y tan espedita como sacarlos del sistema, con lo cual, si no hay perro no puede haber rabia. Y las causas son todavía más vergonzantes porque es sabido que sus necesidades son tan grandes que se convertirían en las plazas más caras por sus necesidades físicas y de profesorado para ponerlos en condiciones de igualdad con el resto del sector educativo. Y en estas estamos sin demasiadas perspectivas en el futuro inmediato.  

sábado, 27 de mayo de 2017

AGUA


         Puedo entender que en latitudes de Latinoamérica o similares se encuentren en temporada de lluvias y les suene raro un  texto como éste pero hay que entender que aquí  estamos a final de Mayo y los termómetros alcanzan fácilmente los 35 grados y los sobrepasan, lo que quiere decir pleno verano meteorológico si bien podemos alcanzar todavía hasta 10 grados más en Julio o primeros  de Agosto. La angustia  que podemos sentir todos en las horas centrales del día es grande y los más pequeños lo mismo. Es difícil que haya muchas aulas con aire acondicionado porque no se rentabiliza adecuadamente el gasto. En pleno verano las escuelas suelen estar cerradas por vacaciones. Para combatir el calor disponemos, sobre todo, de las sombras y del agua.

         Este año hace siete que dejé la responsabilidad directa del trabajo con pequeños y empiezo a sentirme cobarde a la hora de ofrecer referentes directos porque el tiempo vuela y siento que cabe la posibilidad de que sin darme cuenta me encuentre hablando para el pasado. De ahí que valore tanto los testimonios directos de hoy que algunos compañeros nos ofrecen generosamente. Me atrevo a seguir proponiendo el aire libre como medio excelente para que los pequeños se desenvuelvan en cualquier climatología, sobre todo en el calor y el agua, sobre todo el agua, como medio de primer orden  para captar el interés de cualquier persona, mucho más si es pequeña y se encuentra al alcance de nuestra mano, es barata y su manejo habitual ofrece consecuencias positivas de todo orden para el crecimiento y el dominio de las destrezas motoras que los pequeños necesitan tanto como el comer.

         Con frecuencia he repetido como cualquier abuelo cebolleta secuencias con agua en las que  una y otra vez se pone de manifiesto el placer del contacto con el elemento y los beneficios profundos y variados que ofrece a los menores. Pongo de ejemplo la recomendación de pedirles cuando pasen delante de alguna fuente, bien en el colegio o en  la calle que no toquen el agua y comprobar,  que están de acuerdo con lo que les estamos diciendo y al mismo tiempo desplazan la mano hasta el chorro de agua que sale lujurioso y que tiene el mismo efecto de atracción que el azúcar del néctar de las flores para cualquier insecto. En ambos casos, irresistible. En nuestro caso más de una vez nos convertimos en machacones para lograr que terminen por no atender esa capacidad tan fuerte de atracción que el agua ejerce sobra ellos con lo fácil que sería darnos cuenta de los efectos tan beneficiosos que su contacto tiene y que en estos casos lo mejor es ponernos en la dirección del interés y permitir que se produzcan los beneficios que saltan a la vista.


         Es verdad, no se puede negar la evidencia, que el contacto con el agua tiene unos primeros momentos, sencillamente de inundación, vamos de ponerse como una sopa, pero si somos un poco  sensatos nos daremos cuenta de que con estas temperaturas las ropas se secan en un plis plas y aunque no se secaran tampoco habría ningún drama porque no hace frío. Muy pronto vamos a darnos cuenta de que el proceso de aprendizaje hace su efecto y rápidamente usan el agua con mucha más seguridad y son ellos los que dirigen la interrelación para conseguir objetivos cada vez más complejos como en cualquier otro proceso de adquisición de conocimiento. Sé que esto que digo son palabras, es verdad. Pero cuando uno se ha pasado años y años constatando el contenido, todo lo más que puede hacer es ofrecer su credibilidad profesional y aceptar que al final, tanto en esto como en todo, es cuestión de elegir y habrá personas que se crean lo que aquí se cuenta y otras, con todo su derecho, que sencillamente no estén de acuerdo. Ambas posturas me parecen respetables aunque yo deje aquí explicada cual es la que defiendo.

domingo, 21 de mayo de 2017

FAMILIA


         Reconozco que ahora estoy más pendiente de la prensa en relación con los contenidos que se tratan en este blog. Y no es porque no se encuentren contenidos de interés si este autor echa una mirada a sus interiores, no. Lo que sí es cierto es que en más de una ocasión ha aparecido por debajo de mi puerta la patita de la duda y he llegado a pensar si al final no estaba instalado en la nebulosa de los recuerdos en exclusiva y me ha parecido injusto porque los asuntos que aquí se tratan lo primero que he querido que trasluzcan es verdad y en la medida de lo posible que estén pegados a la tierra y que se puedan constatar en casos concretos, unos idénticos y otros parecidos.


         La última gran revolución que se ha producido en mi país con relación a la familia ha sido la de legalizar cualquier tipo de matrimonio, independientemente del sexo los novios que lo demanden. Ya lleva unos pocos años esta norma en vigor y personas de todas la ideologías se están acogiendo a ella aunque desde el primer día hay un sector de la población que no para de despotricar que a dónde vamos a llegar con normas como esta y que Dios no está de acuerdo con que dos mujeres o dos hombres se casen si quieren porque el matrimonio tiene que ser entre un hombre y una mujer. Que qué va a ser de los hijos que viven en una casa con dos hombres o con dos mujeres porque han decidido adoptarlos, que dónde queda la figura del padre y de la madre y que esto parece el Patio de Monipodio en el que cada uno hace lo que le da la gana. Afortunadamente ya tenemos experiencias hasta de separaciones de estas nuevas familias del mismo sexo para confirmar, como no podía ser de otra manera, que se trata de personas normales y corrientes, capaces hasta de dejar de quererse.


         Cierro mis ojos y pienso en esos hijos que viven con su padre y con su madre y que han de soportar borracheras y gritos continuos de uno de los dos o de los dos, que han de vivir con los abuelos y hasta con los vecinos porque sus padres han emigrado para buscarse la vida, que apenas si se ven porque las jornadas de trabajo no lo permiten y en realidad viven los pequeños al calor del primero que se lo ofrezca, que no disponen de nadie que los controle y que crecen mimados y superprotegidos sin que exista a su lado un criterio de orden y de disciplina capaz de hacerlos sentirse queridos y de decirles que no en un momento determinado y que los pequeños sientan en su piel la cercanía y el apego de una figura adulta que está por ellos y con ellos. Y se me llenan los ojos de supuestas familias tradicionales con los niños abandonados por las calles sin que nadie levante la voz en defensa ni de la ruina de esa familia ni de la ruina de esos pequeños.



         Y se encierra uno en uno mismo, desesperado de repetir a todo el que haya querido oír que el amor, el cuidado y la dedicación no saben de sexo ni de nada sino que hasta los perros, que no son humanos, pueden ofrecer amor a sus hijos o a cualquier persona y que quien lo recibe se siente querido. Que los niños no están pendientes de cómo van vestidos sus padres sino de si los quieren o no, de si los cuidan o no y que eso es lo que nos debe preocupar y no los sexos de cada uno. Cuántas veces hemos conocido a alguien que se ha criado con los vecinos y ha crecido tan cuidado como sus hermanos que se han criado con sus padres o más. ¡Quién es el juez que en vez de mirar el apego que reciben los pequeños se pasa la vida examinando a su familia para ver si cumple los requisitos que considera indispensables!. ¡Cuándo dejaremos de ser hipócritas!.


domingo, 14 de mayo de 2017

CHUPE


         Sé que no es la primera vez que este tema aparece pero después de siete años, tampoco puede resultar demasiado extraño. Los motivos para que aparezca un tema pueden ser muy dispares. Hoy la excusa ha sido un artículo de prensa online que es la única que leo. La cuestión era que qué es lo que dicen los expertos y creo que me ha motivado porque estoy de expertos hasta la sopa. Entiendo que tiene que haberlos, tanto en este asunto del chupe como en cualquier otro susceptible de interpretaciones, pero leo el artículo y no puedo evitar que me dé la risa. Cuentan la conveniencia o no de utilizar el chupete en función de que pueda afectar al nacimiento de los dientes o, esto es de mi cosecha, a la deformación de la boca por meterse los dedos en el caso de que quitemos el chupe por las bravas.

         Muchas veces he verbalizado que los pequeños crecen a pesar de los adultos. Es exagerado, lo sé, pero no creo que tanto. Recuerdo en mi propia vida, que tampoco es tanto, cómo a los pequeños se les mojaba el chupe en azúcar para calmar su incomodidad o su llanto. Incluso en anís,  con lo que no quiero ni pensar la borrachera en la que caían los pequeños y seguro que se dormían. ¿No se iban a dormir si estaban como una cuba?.  Casi de antes de ayer recuerdo un anuncio de la tele en el que un dibujo de niño con cara de listo decía que debíamos darle a los pequeños  QUINA SAN CLEMENTE, un vino dulce de alta graduación y la razón era que DA UNAS GANAS DE COMERRRRR… Tampoco quiero dejar aquí un estudio exhaustivo de las tropelías que hemos hecho con los pequeños, siempre con la mejor intención, no me cabe ninguna duda, buscando su bienestar y ya de camino que nos dejaran un poco tranquilos también a los adultos porque las noches son muy largas y hay mucho tiempo para desesperarse cuando los persistentes llantos arrecian.

         No me puedo quitar de la cabeza, allá por 1984 cuando había bastantes menos expertos que fueran capaces de aportar algo sobre los más pequeños, una de las maestras que asistía a mi curso sobre la necesidad del juego para el buen desarrollo de los pequeños que me espera al final y me hace una pregunta de carácter personal para decirme que su hija de ocho años no paraba de chuparse el dedo desde que le quitaron el chupe y que toda su familia la persigue para que deje el vicio y la niña no para y tiene el dedo en carne viva y ella está angustiada y no sabe lo que hacer. Ella misma  esperaba que su hija se durmiera para quitarle el dedo de la boca para evitar, decía, que la boca se le fuera a deformar. En la conversación termina diciéndome el profundo motivo de su angustia y era que su hija le estaba preguntando cada vez con mas frecuencia: Mamá, ¿tú me quieres? Y esa inseguridad de la niña le estaba quitando el sueño.


         Yo no me he considerado experto más que en hablar con las personas y estar seguro que por ese camino es por donde pueden llegar las soluciones a los problemas que la vida nos plantea. Tampoco me consideré entonces cuando me compañera me manifestó su angustia. En realidad hoy tampoco tengo claro si mi propuesta fue válida o no pero no tuve dudas y le dije: Yo no sé lo que hay que hacer en un caso como el que me cuentas pero lo que sí te digo es que si fuera mi hija me iba con ella esta misma tarde a una farmacia y le pondría que eligiera unos cuantos chupes y que chupara hasta que se cansara de una vez pero que en ningún momento le faltara la seguridad de que tú, que eres su madre estás con ella por encima de que se chupe el dedo o que no. Hoy haría lo mismo.